domingo, 17 de junio de 2018

Día del padre

Hoy en el día del padre haré mi reflexión catártica. No muchos saben que yo no tengo padre, ok, entonces dirán ustedes ¿Cómo es que estás en el planeta? Osea sí pues, puso el esperma y si fue. Eso me vine a enterar ya casi a punto de terminar mi secundaria. Venía creyendo en una historia que me contaban y yo repetía, y una noche así salió y no me dolió, no me fastidió, pero luego sí. Era una de las estadísticas actuales, una de los casos que se presentan, una de los casos que escucho como ciudadana y por mi carrera.

Ahora a mis casi 27 años puedo entenderme en el plano afectivo gracias a ese suceso, quizá basándome en la explicación Freudiana de la carencia afectiva paterna, buscando encontrar ese vacío masculino en las pocas relaciones que he tenido, como suelo decir por capricho y eso me asusta, porque no sé si en algún momento de verdad llegue a enamorarme. En su mayoría ha sido forzado y no porque realmente haya querido, sí, lo admito fue necesidad. Y cuando pensé que quizá esta vez no, vino el miedo a mí de pensar de que NO, No Andrea, es tu capricho y terquedad. En serio no es que quieras, es que tienes miedo a quedarte sola. Los que me conocen saben que digo que no me casaré ni tendré hijos y me dicen que seré la primera, bueno yo digo que no. Que quizá sí me gustaría convivir pero hijos no, no tengo el perfil. Y quizá es por este prinicipio que aún no llega alguien y me asusta pensar que no llegará y estaré sola.

Sé que no estoy sola, tengo a mi familia, a mi madre que hace labor de padre, a mi abuelo, a mi abuela y a mis tíos que si no hubiera sido por ellos no estaría escribiendo estás líneas. Parte de lo que soy se los debo a ellos, y por eso me llena de impotencia tener que llevar su apellido.

El otro día me puse a pensar que cada vez que he llorado por un chico, por esa ilusión más no enamoramiento, he llorado por la ausencia de la figura paterna, cada lágrima quizá es por esa causa, por frustración, impotencia de no correspondencia, de pensar que es un capricho y que quizá no me vaya a enamorar, nunca llegue a conocer que es el amor recíproco de pareja.

lunes, 11 de junio de 2018

Batallas

Hay crisis durante toda etapa de la vida, crisis personales, familiares, económicas, laborales, académicas, existenciales.

Pero las crisis suceden por algo, aunque en el momento no lo veas, en el futuro verás que fue para samaquearte, despertar y darte cuenta. Una vez me explicaron que toda crisis conlleva cambio y quizá esa crisis que te hace sentir mierda es para que de una buena vez tomes las cosas, las afrontes y cambies.

Cada crisis es llevada de distinta manera por cada persona, por ende lo manejará de diferente manera, algunas huyen, algunas piden ayuda, algunas sólo dejan que pasen y ni se inmutan mientras que otras la ven como oportunidad. Depende de cada formación y aprendizaje de la persona, del repertorio de experiencias. Quien me diga que no ha tenido miedo a una crisis entonces eres perfecto, bien por ti, bueno no tan bien en sí porque cuando la tengas ¿sabrás como afrontarla?

Hay niveles de crisis, unas que te dan suaves golpecitos, otras de golpes mayores pero tolerables y otras que te hacen caer al fondo, bien al fondo y sientes o crees que no podrás. Pero depende de la estrategia de cada persona salir de esa crisis.

Las crisis son batallas, batallas que cada persona ha de lidiar, y a veces una persona ajena a ella quiere ayudarlo a combatir esa batalla, a que sepa que ella está ahí pero no. A veces no, a veces la propia persona, sola, ahí en el miedo, aunque se cague de miedo tiene que ser valiente o aunque tenga miedo arriesgar a afrontarlo, porque...¿no siempre estará alguien ahí presente para afrontar la batalla con ella verdad?

Entonces lo que queda a esta persona que quiere ayudar es retirarse, para que esta persona aprenda a luchar sus propias batallas, y no, no le haces un daño, le haces un bien porque en esas propias batallas irá descubriendo habilidades que quizá tenía dormidas y había olvidado o como posiblemente adquiera nuevas que lo fortalezcan.

Nadie sabe las batallas de nadie, algunos creen saberlo, y en buena onda quieren ayudar, pero de supuestos no se pueden llevar las batallas, las crisis. Uno quisiera ser ese ente pacificador, pero no. Quizá es necesario que esa persona sienta la crisis para renacer.